El pelo y las uñas no siguen creciendo tras la muerte. La piel se deshidrata y se retrae, por eso parecen más largos. El crecimiento requiere células vivas y se detiene con el corazón.

Un relato tétrico muy repetido dice que el pelo y las uñas siguen creciendo después de morir. No es cierto. Lo que ocurre es un efecto óptico del cuerpo. Por qué persiste el mito y qué pasa de verdad.
Tras la muerte el cuerpo deja de recibir agua y se deshidrata. La piel se seca y se contrae. Al retraerse la piel del cuero cabelludo y alrededor de las uñas, queda al descubierto más pelo y más uña que ya estaba ahí. Parecen más largos, pero es solo una ilusión; no se añade longitud nueva.
Para que crezcan pelo y uñas hace falta crear células nuevas. Ese proceso necesita glucosa (azúcar) y oxígeno, que llegan por la sangre. Cuando el corazón deja de latir, la sangre deja de circular y la "fábrica" se queda sin suministro. Sin oxígeno ni energía, la división celular se detiene de inmediato y con ella todo crecimiento.
Médicos y funerarios lo ven a diario. Para evitar que la piel se contraiga y dé esa apariencia de "crecimiento", los funerarios suelen aplicar crema hidratante en manos y cara del fallecido. Así la piel se mantiene hidratada y se ve que lo que cambia es la piel que se retrae, no las uñas que avanzan.
El pelo y las uñas necesitan un cuerpo vivo y energía para crecer. Cuando el corazón se para, el crecimiento también. Lo que parece crecimiento es solo la piel secándose y retrayéndose, dejando ver lo que ya estaba debajo.