Las superficies blandas e irregulares absorben el sonido como una esponja. En una sala llena de cuerpos no quedan superficies duras para que rebote el sonido.

Aunque una sala llena de cadáveres suene a película de terror, que no se oiga eco ahí es pura física. Es la misma razón por la que un estudio tiene espuma en las paredes o una casa vacía suena más que una amueblada.
Para que haya eco, las ondas sonoras tienen que salir de tu boca, chocar contra una superficie dura, lisa y plana (p. ej. una pared de hormigón) y volver a tus oídos. Si el sonido no rebota, no hay eco.
El cuerpo humano (vivo o muerto) no es duro ni plano. Está hecho de tejidos blandos, piel y ropa. En acústica son absorbentes.
En una sala llena de gente viva tampoco se oye mucho eco. La versión "cadáveres" se usa a menudo para subrayar el silencio extremo de una morgue o una tumba. Si una sala está llena de objetos blandos (colchones, abrigos o cuerpos), la sala se vuelve "acústicamente muerta".
Un eco necesita un "espejo" para el sonido. Los cuerpos actúan como "mantas" que absorben las ondas. Si la sala está llena, el sonido no tiene dónde rebotar y la sala se siente inquietantemente silenciosa y apagada.