En la Edad Media se creía que los animales debían cumplir la ley. ¡Llegaron a vestir a un cerdo y llevarlo a juicio!

Hoy, si un animal hace daño, solemos culpar al dueño. En la Edad Media se creía que los animales distinguían el bien del mal. En 1386 una cerda en Falaise (Francia) lo pagó caro.
Según la historia, una cerda atacó a un niño pequeño que había quedado solo. El niño no sobrevivió. En lugar de sacrificar al animal en privado, las autoridades celebraron un juicio completo, como con un criminal humano.
No fue una decisión rápida: la cerda estuvo en una prisión real con reos humanos. El día de la ejecución la vistieron con ropa de hombre —chaqueta, calzones e incluso guantes blancos— y la llevaron a la plaza donde un juez leyó la sentencia. El objetivo era mostrar al pueblo (¡y a otros animales!) que el crimen no se toleraría.
Hoy nos parece absurdo, pero entonces se creía en la "justicia poética": vestir y juzgar a la cerda como a un humano era mantener el orden del mundo. En Europa hubo muchos juicios así; a veces se juzgaba a ratas, insectos o vacas por "delitos" como comer cosechas o causar accidentes.
En 1386 una cerda en Francia fue arrestada, vestida de humano y ejecutada tras un juicio formal por matar a un niño. Forma parte de una tradición medieval en la que los animales eran responsables ante la ley como las personas.