Cuando comes un chili, la lengua no "saborea": le hacen creer que está literalmente en llamas.

Si preguntas cuáles son los cinco sabores básicos, te dirán: dulce, ácido, salado, amargo y umami. "Picante" no está en la lista. Es que las papilas no detectan el picante: lo hacen los receptores del dolor.
Los chiles contienen capsaicina. Al morder, esta sustancia busca un receptor en la lengua llamado TRPV1. Normalmente ese receptor avisa al cerebro: "¡Esto quema!" Aunque el chile no esté caliente como el agua hirviendo, la capsaicina engaña al receptor y manda la señal de "¡fuego!".
El cerebro cree que la boca está literalmente en llamas y activa la refrigeración: te pones rojo, te moquea la nariz y sudas. Es el sistema de emergencia intentando apagar un fuego que no existe.
Si el picante es dolor, ¿por qué a tantos les gusta? Cuando el cerebro detecta dolor, libera endorfinas y dopamina para aliviarte. En muchos eso produce una oleada de placer tras el primer ardor. Comer picante es una forma segura de disfrutar un "dolor emocionante".
El picante es una señal de dolor, no un sabor. Una sustancia del chile engaña al cerebro haciéndole creer que la boca arde. El cuerpo reacciona sudando para refrescarse, pero el cerebro también te recompensa con sustancias placenteras; por eso el picante puede enganchar.