Los diamantes son las rocas más duras, ¡pero están hechos de carbono! Si los calientas lo suficiente con oxígeno, se convierten en gas invisible y desaparecen sin dejar ni una pizca de ceniza.

Solemos pensar que los diamantes son "para siempre", pero la ciencia demuestra que pueden ser frágiles bajo las condiciones adecuadas. Como un diamante es solo una pila organizada de átomos de carbono, puede arder igual que un trozo de carbón.
Si pones un diamante en un ambiente de oxígeno puro y lo calientas a unos 763°C:
Lo más increíble es que, como el diamante es carbono puro, no deja nada atrás. Ni hollín, ni cenizas. Literalmente se desvanece en el aire que respiras.
Los diamantes son los más difíciles de rayar, pero no son invencibles. Son, básicamente, una forma lujosa de combustible que se evapora si hace demasiado calor.