Los hongos no solo esperan la lluvia: pueden ayudar a crearla. Enfriando el aire y liberando millones de esporas, actúan como pequeños motores que forman nubes y viento.

Durante mucho tiempo se pensó que los hongos eran pasivos, esperando a que el viento llevara sus esporas. La ciencia reciente muestra que son "ingenieros" activos de su propio entorno.
Los hongos tienen que llevar las esporas ("semillas") a nuevos sitios. Muchos crecen en el suelo del bosque, húmedo y sin brisa. Solución: liberan vapor de agua por evaporación; eso enfría el aire alrededor (como el sudor nos enfría); el aire frío es más denso y se desplaza, creando un "miniviento" que levanta las esporas incluso en un día sin viento.
Una vez en el cielo, las esporas siguen influyendo en el tiempo. Cada espora está cubierta de azúcares que atraen el agua. En zonas húmedas como la selva, miles de millones de esporas actúan como núcleos de nubes: el vapor se adhiere a ellas, formando gotitas; al juntarse suficientes gotas se forman nubes y luego lluvia.
Llueve → crecen los hongos → liberan esporas al cielo → las esporas ayudan a formar más lluvia → llueve otra vez. Un ciclo que mantiene el bosque húmedo y sano, el entorno que los hongos necesitan.
Los hongos no solo "sufren" el tiempo: ayudan a generarlo. Creando su propia brisa con agua y actuando como semillas de gotas de lluvia, aseguran que el bosque se mantenga húmedo y sano.